Utambi Shinbun

Artículo de opinión
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Cuatro recetas de lasaña

La lasaña es uno de los emblemas más reconocidos de la cocina italiana, cuyos orígenes se remontan a la antigua Roma.

Compuesta por capas de pasta intercaladas con una variedad de ingredientes, su versión más tradicional incluye carne en salsa boloñesa, salsa bechamel y una generosa cobertura de queso rallado que se gratina al horno hasta obtener una superficie dorada y crujiente.


La receta de lasaña tal como se conoce hoy comenzó a consolidarse en el siglo XVII, adoptando con el tiempo una estructura más definida y un repertorio de ingredientes característicos.

La lasaña tradicional italiana se basa en tres elementos fundamentales: pasta fresca, salsa boloñesa (o ragú) y bechamel casera. La pasta se elabora a mano con harina, huevos y un toque de aceite de oliva, estirándose en láminas finas. La boloñesa se cocina lentamente y combina carne picada, verduras, tomate, vino tinto y especias, lo que permite una concentración de sabores que aporta profundidad al conjunto. Por su parte, la salsa bechamel, una mezcla de mantequilla, harina y leche sazonada con nuez moscada, sal y pimienta, debe alcanzar una textura cremosa y homogénea.

Si bien se trata de una preparación laboriosa, su sabor reconfortante y el equilibrio entre sus capas hacen que el esfuerzo valga la pena. El respeto por los ingredientes y la técnica es lo que garantiza una lasaña auténtica y satisfactoria.

Adaptación moderna de la lasaña de carne

En el siglo XXI, la vida moderna ha generado un notable auge de versiones prácticas de platos tradicionales. La lasaña de carne no es la excepción. Las hojas de pasta comerciales, precocidas o deshidratadas, permiten reducir significativamente los tiempos de preparación, al eliminar la necesidad de cocción previa.

Estas opciones industriales permiten ensamblar el plato directamente, requiriendo apenas entre 25 y 30 minutos de horneado. Esta practicidad resulta ideal para quienes disponen de poco tiempo o tienen experiencia limitada en la cocina, sin que ello implique renunciar del todo a un resultado sabroso y satisfactorio.

Este tipo de adaptaciones no solamente responden a la lógica de la conveniencia, sino también a un cambio cultural que acepta, e incluso valora, las soluciones industrializadas como parte de la cocina cotidiana. Así, la lasaña se mantiene vigente, incluso en medio de rutinas aceleradas.

Lasaña de berenjena: la irrupción de un vegetal de moda

Una de las variantes más populares de los últimos años es la lasaña de berenjena. Este vegetal introduce una dimensión sensorial distinta, tanto en sabor como en textura. Su perfil suave y ligeramente dulce armoniza con la intensidad de la salsa de tomate y los quesos, mientras que su consistencia, cuando es correctamente asada o grillada, aporta firmeza sin exceso de humedad.

Aromáticamente, la berenjena ofrece notas herbales y tostadas que enriquecen el conjunto. Visualmente, la inclusión de este ingrediente genera una paleta de colores más variada: el morado oscuro contrasta con el blanco de la bechamel y el rojo de la salsa, otorgando al plato un atractivo rústico y sofisticado.

Quienes optan por esta versión suelen valorar su carácter más liviano y su sabor fresco, sin perder la estructura en capas típica de la receta original. Eso sí, es fundamental seguir correctamente el proceso de sudar la berenjena para evitar que suelte agua durante la cocción.

Lasaña de pollo con bechamel de champiñones

La lasaña de pollo, combinada con una bechamel enriquecida con champiñones, representa una variante más delicada y elegante. El pollo, por su sabor neutro y textura tierna, permite que los matices de los champiñones brillen con naturalidad. Estos aportan una nota umami sutil y terrosa que enriquece la preparación sin sobrecargarla.

La bechamel actúa como un hilo conductor que une todos los ingredientes con suavidad. Su aroma, una mezcla de notas mantecosas, lácteas y terrosas, anticipa un sabor refinado. Visualmente, esta lasaña se distingue por su tono blanco y su superficie aterciopelada, que evocan imágenes de nieve o crema, reforzando su carácter sofisticado.

Lasaña Vegana con Bechamel de Tofu

A pesar de no incluir ingredientes de origen animal, la lasaña vegana ha logrado posicionarse como una opción sabrosa y completa. Se vale de una mezcla de champiñones, lentejas, cebolla, zanahoria, albahaca y orégano, que combinan sabores terrosos, dulces y herbales. El resultado es una sinfonía equilibrada que satisface sin necesidad de recurrir a la carne o los lácteos.

La bechamel vegana, preparada con leche de avena y tapioca, mantiene una textura cremosa. La inclusión de miso aporta profundidad y un toque salino natural, mientras que el parmesano vegano, con su perfil ligeramente picante, remite al sabor tradicional sin imitarlo de forma artificial.

Este plato resulta ideal para quienes siguen una dieta basada en plantas y se presenta, por derecho propio, como una propuesta culinaria sólida.

Opinión del columnista

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La lasaña, ya sea en su forma tradicional o en sus múltiples adaptaciones, continúa evolucionando sin perder su esencia, pues reúne deliciosas capas de sabor, historia y cultura en cada porción.